Cómo elegir el plazo correcto para tu inversión
El plazo define tu relación con el riesgo. A corto plazo se suele priorizar estabilidad; a largo plazo hay más margen para tolerar la volatilidad.

Daniel Mansutti
6 ene 2026
El plazo ideal depende de cuándo necesitas el dinero. Para metas a menos de un año, lo habitual es priorizar liquidez e instrumentos de bajo riesgo. Para metas a más de cinco años, la renta variable históricamente ha mostrado mejor potencial de crecimiento.
Elegir bien el plazo evita uno de los errores más comunes al invertir: poner dinero en instrumentos que no calzan con el momento en que lo vas a necesitar.
¿Por qué el plazo es tan importante?
El plazo define tu relación con el riesgo. Un fondo que invierte en acciones puede caer 20% en un año y recuperarse al siguiente. Si necesitabas ese dinero justo en el peor momento, perdiste. Si podías esperar, probablemente no.
A corto plazo todo es impredecible. A largo plazo las tendencias se aclaran.
Históricamente, invertir en renta variable a un año ha dado resultados muy cambiantes: algunos años con ganancias importantes, otros con pérdidas fuertes. Pero si extiendes el horizonte a 15 o 20 años, las carteras diversificadas han mostrado mucha menor probabilidad de terminar en negativo.
No es magia. El tiempo diluye la volatilidad y permite que las empresas crezcan y generen valor.
Corto plazo significa priorizar estabilidad
El corto plazo abarca inversiones a menos de un año. Aquí el objetivo no es maximizar ganancias, sino preservar el capital con algo de rentabilidad adicional.
Por ejemplo, si alguien está ahorrando para el enganche de un auto que comprará en seis meses, exponerse a la volatilidad de un fondo de acciones puede ser un problema: una caída justo antes de necesitar el dinero no deja tiempo para recuperarse.
Para este tipo de metas, fondos de deuda de corto plazo suelen ser más compatibles con el objetivo. En Fintual, FT-LIQ está diseñado precisamente para eso: priorizar estabilidad y liquidez.
¿Cuándo tiene sentido el corto plazo?
El corto plazo es útil para fondos de emergencia, ese colchón financiero que cubre entre 3 y 6 meses de gastos. También funciona si tienes un objetivo específico cercano: un viaje, una compra importante, el pago de una deuda próxima.
No es el espacio para experimentar con activos riesgosos. Aquí la regla es simple: si necesitas el dinero en menos de un año, prioriza la liquidez y la estabilidad por encima de la rentabilidad.
Mediano plazo es el equilibrio entre riesgo y retorno
El mediano plazo comprende inversiones entre 1 y 5 años. Este horizonte te permite asumir algo más de riesgo sin comprometer completamente tu capital si las cosas se ponen difíciles.
Aquí empiezan a cobrar sentido las carteras mixtas. Una combinación de renta fija y renta variable en distintas proporciones. En Fintual, por ejemplo, para plazos de 1 a 2 años suele tener más peso un fondo como Moderate Portman. Para plazos de 3 a 5 años, la combinación puede incluir más Risky Hayek, que tiene mayor exposición a renta variable. La mezcla depende del plazo y de qué tanta volatilidad estés dispuesto a tolerar.
Objetivos típicos de mediano plazo
Este rango es ideal para metas como ahorrar para estudios, el enganche de una casa, cambiar de carro o financiar un proyecto personal. Son objetivos lo suficientemente lejanos para no necesitar liquidez inmediata, pero no tan distantes como para olvidarte de ellos.
La clave aquí es ajustar el riesgo según te acerques a la meta. Si comenzaste con 60% en acciones cuando faltaban cinco años, tiene sentido reducir esa proporción a medida que te acercas al momento de usar el dinero.
A largo plazo el tiempo juega a tu favor
El largo plazo son inversiones a más de 5 años, idealmente 10 o más. Aquí es donde el interés compuesto y la resiliencia de los mercados muestran su potencial.
Con este horizonte, tiene sentido considerar mayor exposición a renta variable. Las caídas dejan de ser amenazas inmediatas, una baja de 15% este año pesa menos si el dinero no se necesita hasta dentro de 15 años.
Fondos como Risky Hayek están pensados para este tipo de plazos, renta variable global, con la volatilidad que eso implica, pero también con mayor potencial de crecimiento.
Históricamente, las carteras diversificadas han mostrado menor probabilidad de pérdidas en horizontes de 15 o 20 años. Eso no garantiza que el patrón continúe, pero ayuda a poner la volatilidad de corto plazo en perspectiva.
Costos de moverte demasiado
Cambiar constantemente de estrategia, entrar y salir del mercado, intentar anticipar movimientos: todo esto tiene un costo. No solo en comisiones (aunque esas también suman), sino en rentabilidad perdida.
El mercado sube en promedio, pero gran parte de esas ganancias se concentran en pocos días. Si estás fuera del mercado justo en esos días porque intentaste ser más listo que el consenso, pierdes el potencial de crecimiento.
Mantener tu inversión según el plazo que definiste originalmente es más efectivo que intentar optimizar cada movimiento. La disciplina vence a la especulación en el largo plazo.
¿Cuándo el cambio de plazo si tiene sentido?
Hay situaciones donde sí conviene ajustar. Si tu horizonte temporal cambió (perdiste el empleo, tuviste un hijo, surgió una oportunidad), es legítimo reconsiderar tu estrategia.
También tiene sentido rebalancear tu cartera según te acercas a tu objetivo. Si comenzaste con un perfil agresivo a 10 años vista y ya solo faltan dos, probablemente debas reducir riesgo gradualmente.
En definitiva, no existe un plazo universalmente correcto. Existe el plazo que encaja con tu situación, tus metas y tu tolerancia al riesgo.
Empieza preguntándote: ¿cuándo necesito este dinero? Si la respuesta es "no lo sé" o "nunca", probablemente sea una inversión de largo plazo. Si es "en seis meses para el enganche del departamento", definitivamente es corto plazo.
Luego pregúntate: ¿qué tan cómodo me siento si cae el valor de mi inversión en un momento dado? Si la respuesta es "muy incómodo", necesitas instrumentos más estables, incluso si eso significa menor rentabilidad. Si puedes dormir tranquilo sabiendo que tu inversión cayó 20% este mes, tienes margen para mayor riesgo.
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El inversionista debe saber que los valores, instrumentos o inversiones a que se refiere pueden no ser adecuados para sus objetivos específicos de inversión, su posición financiera, su situación tributaria o su perfil de riesgo. El inversionista debe tener en cuenta que las inversiones están sujetas a las fluctuaciones del mercado y otros riesgos inherentes a la inversión en valores, por lo que el valor de su inversión puede fluctuar tanto a la alza como a la baja. Los rendimientos pasados no garantizan el desempeño futuro. Los ejemplos numéricos son ilustrativos y asumen condiciones simplificadas que no reflejan la variabilidad real de los mercados.







